Brevísima guía para iniciarse en la música de Richard Wagner

por | 1 julio, 2018

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Por Omar Navarro

Para melómanos y personas con inquietudes culturales

¿Cuál es la mejor forma de iniciarse en la música de Wagner? Si tuviera que dar una respuesta rápida a esa pregunta, contestaría, sin duda, que a través de una compilación de oberturas, es decir, de fragmentos orquestales cerrados y sin voces.

¿Cuáles son las razones? Vayamos por partes.

Mi argumentación está basada tanto en mi experiencia personal como en la observación de otros casos en los que un enfoque, digamos erróneo, de cómo escuchar música, provoca que potenciales oyentes se condicionen negativamente desde la primera escucha. Es decir, creo que puedo demostrar que el problema está en la forma de acercarse a la música y no en la propia música.

¿Existen grados de dificultad en la captación de la música? Yo opino que sí. En la última entrevista de Proyecto Wagner, realizada al director de orquesta Perry So, le formulé la siguiente pregunta:   “… ¿cree usted que la música es un lenguaje universal?”, la respuesta fue: “Puede serlo. Pero como todo lenguaje, hay que aprenderlo”. Este es un punto esencial porque implica tanto la familiaridad del oyente con el amplio mundo de la música clásica, como la familiaridad de ese mismo oyente con la obra de un compositor en concreto. Algo llega a sernos familiar en base al contacto que mantenemos con ello, pero también es decisiva la complejidad de aquello que queremos conocer: no es lo mismo familiarizarse con un cuento infantil que con un libro de estadística aunque este sea de primer año de carrera: la sencillez y cercanía del primero nos dará acceso a su contenido mucho antes que la longitud y la complejidad del segundo. Dicho esto, también es importante tener en cuenta que en la música clásica suele haber una correspondencia entre la dificultad/complejidad de la misma y el orden cronológico.

Antes de comenzar con mis recomendaciones, es pertinente analizar algunos de los elementos característicos de la música popular (pop, rock, etc.) ya que es la más escuchada por el gran público. Puede que estos elementos expliquen, en parte, el por qué de su popularidad:

  • Difusión en los medios de comunicación no especializados
  • Brevedad
  • Repetición de pocos elementos dentro de la brevedad
  • Lenguaje musical estandarizado
  • Idioma: castellano o inglés
  • Letra breve, contenido sencillo

Se pueden citar más elementos, pero creo que con éstos queda clara la idea básica que quiero transmitir. Si ésas son las características de la música más consumida, veamos cuáles son algunos rasgos generales de la música de Wagner:

  • Poca o nula difusión en los medios no especializados
  • Larga duración
  • Variación de muchos elementos dentro de la longitud
  • Lenguaje musical de gran sofisticación
  • Idioma: alemán
  • Libreto no precisamente breve con contenido filosófico; trama enrevesada

Se observa que estas características son opuestas a las de la música popular, por tanto es lógico que el público pueda no encontrar una conexión con la obra de Wagner o incluso sentir rechazo  por ella. (También es lógico que, cuanto menos contacto tenga una persona con la música clásica, más adversa sea la reacción). Ahora bien, ¿existe una forma de facilitar el acceso a esta música sin modificarla, manteniendo las cualidades genuinas del arte wagneriano? Mi respuesta es sí: a través de los fragmentos orquestales.

Mi primer disco con música de Wagner

Lo importante es la progresión en cuanto a la complejidad de aquello que se escucha. Por ello, incluso considero necesario introducir las obras vocales una vez que el oyente haya sentido la conexión con la música de Wagner. Ahora explicaré por qué considero que el elemento vocal supone un paso más hacia la complejidad de la escucha (sobre todo para oyentes que no sean de habla alemana). No hay que olvidar que Wagner componía tanto la música como el texto de sus óperas.

Considero que la aportación de la voz puede ser un elemento desconcertante y desalentador para el oyente no iniciado. Si miramos de nuevo a la música popular o comercial, ésta se basa principalmente en melodías o motivos melódicos sencillos con persistentes bases rítmicas que el oyente puede repetir a su manera, cantando o silbando, etc. Las primeras óperas de Wagner hacen un uso más melódico de la voz y es por ello por lo que también recomiendo la escucha de las mismas en orden cronológico. Pero en óperas como Tristán e Isolda la voz realiza diseños en una suerte de recitado-declamado que sirven para insertar el texto en la masa orquestal; pero las melodías, los temas, los motivos (los famosos leitmotiv) están en la orquesta. Además, hay que tener en cuenta que las voces son el plano principal: la orquesta no debe tapar a los cantantes. El problema en las óperas con este estilo de recitado es que el primer plano no ofrece al oyente lo que para él es lo habitual en la música comercial (o en bel canto o en Mozart dentro de la música clásica): las melodías y los temas principales son sustituidos por una serie de motivos creados a partir del ritmo del texto y, además, en alemán. Tengo que insistir en este último punto: para un germanoparlante la situación es distinta porque  puede seguir el hilo argumental; pero para el que no entiende lo que sucede en el plano principal, puede ser una experiencia desconcertante. Y esto es, en mi opinión, lo que le sucede a mucha gente. Si vemos una película en un idioma que no comprendemos ¿acaso no perdemos el interés rápidamente por más que, al final de la película, podamos captar la trama en líneas generales? 

A esto hay que añadir otra pequeña desventaja de la ópera: el estatismo que se da en la escena de un teatro de ópera también pierde la batalla si se compara con el dinamismo visual del cine. De hecho, las grabaciones audiovisuales de óperas cada vez cuidan más la realización, ofreciendo planos variados e intentado eliminar el referido estatismo. Incluso existen versiones de óperas filmadas casi como si de una película se tratara, por ejemplo Otello de Verdi o El Oro del Rin de Wagner ambas con  Karajan en la dirección musical y cinematográfica. Dicho esto, considero que la música de Wagner ya contiene todo el dinamismo necesario para suplir las limitaciones propias de la escena, pero sin haber entrado en este estilo, en este lenguaje wagneriano, el oyente inexperto puede sufrir una decepción.

Una escena de Otello de Verdi con la dirección cinematográfica de Karajan

Volviendo a los fragmentos orquestales, con ellos eliminamos el problema de la longitud, del idioma, de los diseños vocales del tipo recitado-declamado en primer plano y la trama compleja. No obstante, tenemos toda la calidad artística, innovación en el leguaje y, en definitiva, el mensaje de la música de Wagner. Las oberturas de El Holandés Errante, Lohengrin, Tannhäusser y Los Maestros Cantores de Núremberg (así como el Idilio de Sigfrido) son piezas cerradas, una unidad en sí mismas. Hay que citar la existencia de suites con fragmentos orquestales de El  Anillo del Nibelungo que, personalmente, no me gustan mucho: las percibo como un collage fallido en el que cada elemento o fragmento se sucede sin proporción ni relación a los demás. Pero, sin embargo, La Cabalgata de las Valquirias o la Marcha Fúnebre por la Muerte de Siegfried, con finales alternativos escritos por Wagner para ser interpretadas aisladamente, también dan la impresión de ser piezas acabadas.

El Idilio de Sigfrido en versión original para grupo de cámara, con una duración de 19 minutos

Es obligado citar los Wesendonck lieder, colección de 5 canciones con acompañamiento de piano cuyo texto no es de Wagner si no de Mathilde Wessendonck, cuya relación con el compositor fue la inspiración para Tristán e Isolda. De hecho, en estas canciones hay material temático de dicha ópera. La voz es empleada en forma melódica sirviendo el piano de soporte y acompañamiento, aunque también con sus momentos de protagonismo como creador de atmósferas. Existe una versión de estas canciones con acompañamiento de orquesta realizado por el director Felix Mottl. La duración total del ciclo está en torno a 20 minutos.

Además de seguir un orden cronológico, es muy recomendable empezar con fragmentos más cortos y añadir minutos en función de nuestra capacidad de absorción. Porque con la música puede pasar como con la comida: una vez traspasado cierto límite, no importa lo delicioso que sea el plato,  si se ingiere más y más la experiencia puede acabar siendo muy desagradable. Es bueno, por tanto, orientarse o guiarse por la longitud de las escenas (que vendrá indicada en el correspondiente soporte de audio) lo que ayudará a captar poco a poco los temas, las evoluciones de la tensión,  el desarrollo de la acción, etc. Se trata de conocer el argumento de la ópera para luego ubicar lo que sucede en el fragmento que estamos escuchando. Es recomendable, si no controlamos el alemán, buscar el significado de aquellas palabras que nos llamen la atención por el énfasis que el cantante hace en ellas,  o si percibimos que se repiten a menudo, etc.

 

Para instrumentistas

Quien sea instrumentista puede lanzarse directamente a interpretar alguno de los numerosos fragmentos transcritos. Si uno es músico (o melómano bien curtido) puede explorar incluso los momentos más cromáticos (aunque yo insisto en el valor de seguir la evolución estilística de los autores). Los pianistas lo tienen fácil ya que existen reducciones para piano de las óperas completas y algunos fragmentos de concierto para piano solo con excelente resultado sonoro; entre los más destacados arreglistas se encuentran Franz Liszt, Carl Tausig, August Stradal o Louis Brassin. Existen, además, transcripciones para 2 pianos y  4 manos.

El Fuego Mágico de La Valquiria en una transcripción del pianista húngaro Zoltan Kocsis

Para otras formaciones como grupos de metal, violín y piano o cuarteto de cuerda también existen partituras, como puede comprobarse al navegar por Youtube.

Para finalizar, haré una recapitulación esquemática del sistema que recomiendo para acercarse progresivamente a la música de Wagner:

– Comenzar con fragmentos sinfónicos, preferiblemente oberturas.

– Limitarse, al principio, a periodos de escucha cómodos: no queramos escuchar Tristán e Isolda del tirón. Aumentemos los minutos de escucha de manera natural.

-Sepamos,  a grandes rasgos, de qué tratan las óperas cuyos fragmentos escuchamos. Quizás algún argumento en particular nos llame más la atención que otro a la hora de elegir a qué primera ópera dedicaremos nuestro tiempo.

– No dejemos de escuchar los Wesendonck lieder.

-Una vez que hayamos sentido la conexión con la música de Wagner, podemos iniciarnos en las óperas completas y sumergirnos en la trama. Pero igualmente, vayamos poco a poco, sin atragantarnos.

– Quien toque un instrumento, puede buscar arreglos o transcripciones que permitan interpretar la música uno mismo, solo o en grupo. Los pianistas disponen de versiones de gran factura artística.

Mi última adquisición, El Anillo del Nibelungo en Blue-Ray con una calidad de sonido espectacular pero con una no menos espectacular realización

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