La toma de contacto con Wagner: entrevista a Pelayo Cuéllar

por | 7 junio, 2018

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Por Omar Navarro

Estimados lectores:

En esta ocasión les presento una entrevista algo diferente. Esto es así porque el entrevistado no es (aún) una figura consagrada del panorama musical. Se trata de Pelayo Cuéllar Sarmiento (Avilés, 1995), estudiante de violoncello en el Conservatorio Superior de Asturias (CONSMUPA) bajo la tutela de Viguen Sarkissov.

Pelayo fue uno de los pocos alumnos del CONSMUPA seleccionados para ser componente de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias y de la Oviedo Filarmonía en varios programas de la presente temporada (2017-18). El último concierto ofrecido junto con la OSPA es el que atrae nuestra atención (y al que volveremos próximamente en Proyecto Wagner) ya que supone el debut de un estudiante como intérprete en Tristán e Isolda.

A sus 22 años (y ahora a pocos días de finalizar sus estudios superiores de música) Pelayo ha formado parte de la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) y la Joven Orquesta Sinfónica de Galicia, entre otras agrupaciones, y ya ha trabajado con directores destacados como Cristóbal Soler, José Miguel Pérez Sierra o el renombrado Alberto Zedda (1928-2017).

Esta entrevista tuvo lugar el tres de mayo de 2018. Justo el día antes, Pelayo se hizo con el primer premio del Concurso de música de cámara Consmupa-Caja Rural interpretando la Sonata en mi menor Op. 38 de Johannes Brahms junto al pianista Héctor Sanz Castillo, con el que forma el Dúo Northman.


Omar Navarro: Hace 2 semanas interpretaste la  suite de Tristán e Isolda de Henk de Vlieger con la OSPA en calidad de alumno de prácticas. Antes de dicho concierto ¿qué relación o contacto habías tenido con la música de Richard Wagner?

Pelayo Cuellar: Desde pequeño conocía fragmentos de música que, posteriormente, he sabido que eran de Wagner. También he escuchado actos independientes de sus óperas, pero nunca una entera.

ON: ¿Tristán e Isolda ha sido lo primero que has interpretado de este compositor?

PC: No, lo primero que toqué fue la obertura de Tannhäuser con la orquesta JMJ [Jornada Mundial de la Juventud]. Posteriormente, con la JONDE tocamos un fragmento de Lohengrin como bis.

ON: ¿Cual fue tu impresión al interpretar la obertura de Tannhäuser?

PC: Tenía 19 años y en ese momento me pareció ultra difícil técnicamente. Me encantó tocarla porque fue la primera vez que sentí que cada sección de la orquesta tenía una escritura personalizada en la que todo es importante. Me transmitió energía pura. De hecho, cuando escucho grabaciones de Wagner me doy cuenta de que se puede prestar atención a múltiples elementos, no sólo a la melodía o las partes más evidentes para el oído.

ON: ¿Y qué impresiones has tenido ahora con Tristán e Isolda bajo la dirección de Perry So?

PC: Es una música difícil, no se puede leer a primera vista. Al principio me centré en dar las notas y  poco más. Sólo al final pude escuchar a las demás secciones. Precisamente, la ópera comienza sólo con los cellos y luego viene el acorde [se refiere al llamado acorde de Tristán]. Se nos pidió que tocáramos lo más legato posible ya que cuando tuviera que ser corto estaría claramente indicado en la partitura; por defecto, legato. En música anterior a Wagner, cronológicamente hablando, no he encontrado clímax tan grandes; Wagner hace música que es mucho más que las notas, trasciende la técnica. Está muy bien escrita y se percibe muy bien a dónde va la tensión. Aún así, a mí me gusta saber exactamente lo que pasa en cada momento de la acción para asociar esa tensión con hechos concretos. Por ello me informo sobre las obras que toco, aunque para entender algunas como Así habló Zaratustra [de Richard Strauss] hay que leer muchísimo. En algunas obras de repertorio contemporáneo que he tocado, como por ejemplo Desheret de José María Sánchez Verdú, es imposible entender cuál es la intención de la obra si alguien no te la explica.

ON: No existe repertorio para cello de Wagner, ni siquiera música de cámara. Dada esta circunstancia ¿ayuda la formación en el conservatorio a conocer su música?

PC: El conservatorio no ayuda en absoluto. En la asignatura de Historia de la Música se pone énfasis en géneros como la ópera bufa y a Wagner se le dedica una línea. No sé si dan por hecho que vamos a investigar el tema por nuestra cuenta. Wagner tiene fama de ser técnicamente difícil, en el Probespiel [término alemán que designa un libro con fragmentos de obras orquestales exigidos en pruebas de acceso a orquestas] aparecen varios pasajes de sus óperas, aunque tampoco son de lo más difícil; por ejemplo, en la tercera de Mahler encontré más dificultad. Lo que sí requiere Wagner es mucha concentración.

Luego, fuera de la música, la gente ve a Wagner como el nazi por excelencia debido al uso que Hitler hizo de su música, de la misma forma que también utilizó algunas ideas de Nietzsche. Es lo que hace la ignorancia.

ON: Has trabajado con directores importantes. ¿Qué has aprendido de ellos?

PC: De cada uno aprendo algo diferente. Me gustan los que nos explican las obras. Desde ese punto de vista Perry So, con el que hicimos Tristán e Isolda, me fascinó: según mi experiencia los directores van a dirigir las orquestas jóvenes con mucha ilusión y suelen dedicar mucho tiempo a explicar las obras en detalle. Sin embargo, con las orquestas profesionales, sea por falta de tiempo u otras razones, da la impresión de que no dicen todo lo que quisieran. Perry So adoptó una actitud intermedia; se notaba que tenía las ideas muy claras y transmitía mucha información con los gestos. Un detalle que me gustó especialmente es que si la orquesta tomaba la iniciativa en algún momento, él la seguía para luego volver a tomar las riendas, pero sin pretender sujetar a la orquesta. Esto también lo hace Cristóbal Soler que, por cierto, es el único director que conozco que no tuvo a ningún miembro de la orquesta en su contra [se refiere al encuentro de la JONDE de enero de 2018].

ON: Te has formado con cellistas de los Virtuosos de Moscú como Mikhail Milman y Alexander Osokin y, en la actualidad, finalizas tus estudios con Viguen Sarkissov. ¿Cómo es el trabajo con este profesor?

PC: Tenemos buena relación. Él tiene muy buena técnica, es capaz de tocar a primera vista pasajes que lleva años sin estudiar. Se nota que ha tocado en orquesta y me ha enseñado muchos trucos en el Grupo de Violoncellos del CONSMUPA. Algo que me llama la atención es que a veces me da recomendaciones estilísticas que no tienen nada que ver con su estilo, lo que quiere decir que él también evoluciona con las nuevas tendencias interpretativas.

ON: Tú empezaste a estudiar cello a los 4 años. ¿Recomiendas empezar con la música a edades tempranas?

PC: Sí, para mí es básico: te desarrolla el oído, la memoria y te da cierta facilidad con el instrumento.

ON: Ya has dejado claro que Wagner no tiene mucha presencia en el CONSMUPA. A parte de eso ¿cómo es el ambiente en el conservatorio?

PC: Hay bastante desmotivación. Algunos alumnos tienen mucho talento para tocar un instrumento pero no tienen interés en la música o, por lo menos, no en la clásica. Llegaron al conservatorio porque no sabían qué hacer y, como no se les daba mal, decidieron seguir este camino. La realidad es que se necesita más que eso para que te cojan en una orquesta. He pensado mucho en quién tiene la culpa de que existan alumnos desmotivados y no he encontrado la respuesta. La verdad es que en el conservatorio hay muchos problemas y yo creo que se pueden solucionar pero nadie quiere hacerlo.

ON: ¿Cuáles son tus planes a partir de ahora?

PC: Quiero hacer un máster. Hay dos profesores que me llaman la atención: Gustav Rivinius en Maastricht y Philippe Müller en Estados Unidos.

ON: Muchas gracias, Pelayo.

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