Wagner en Oviedo y en el siglo XXI, por Omar Navarro

By | 25 octubre, 2017

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Antes de nada  quiero indicar al lector que éste es mi primer artículo y no pretende ser una crítica sino una reunión de pensamientos y reflexiones surgidos durante mi contacto con la producción de Siegfried en Oviedo, durante agosto y septiembre del presente año.

La idea principal sobre la que orbitan dichas consideraciones es la toma de medidas especiales para llevar a cabo la puesta en escena de una ópera compuesta en el siglo XIX. En la producción de Siegfried estuvieron implicadas tres instituciones: en primer lugar la Ópera de Oviedo, junto a las dos orquestas de la región: Orquesta Sinfónica del Principado  de Asturias y Oviedo Filarmonía.

Pero no quiero referirme sólo a cuestiones organizativas; también merece la pena relatar aspectos interesantes de los ensayos y funciones y, sobre todo, dar voz a los músicos, que nos ilustran sobre lo que supone enfrentarse a Siegfried y a Richard Wagner.

Las medidas especiales a alas que me refería (por lo menos las que yo he percibido) son las  siguientes:

– Más ensayos de orquesta (incluyendo parciales de viento y cuerda) de los que se asignan a los títulos habituales de la temporada de la Ópera de Oviedo.

– Traslado de la orquesta desde el foso (demasiado pequeño) al escenario, donde hay cabida para la plantilla instrumental de 106 músicos.

– Ausencia de decorados fijos en la escena. Proyección de imágenes mediante pantallas.


Guillermo García CalvoLos ensayos:

Debido a la duración de Siegfried (alrededor de 4 horas), y a su dificultad técnica (es la ópera más difícil de El Anillo para los músicos), se requiere un esfuerzo extra para asimilar la obra tanto intelectual como físicamente.

Ya que estuve presente en los primeros 5 ó 6 ensayos, pude  recoger las reacciones iniciales de los músicos:  sorpresa ante las dimensiones temporales de la obra, el enorme trabajo que supone su estudio, o la cantidad de compases en espera que tienen determinados instrumentos; manifestaciones de admiración por la música y el placer de interpretarla y, como no podía ser de otra forma, también estaban (y están) los que desean que con el fin de la Tetralogía de Oviedo en 2019 se acabe su contacto con Wagner.

Según avanzaban los ensayos, aparecían los primeros problemas musculares provocados por pasajes muy largos y exigentes, sobre todo en la cuerda.

Los ensayos fueron conducidos con gran energía, compromiso e identificación artística por Guillermo García Calvo que en una conversación se refiero a El Anillo como “el más grande monumento sinfónico del siglo XIX”.

Y tan grande es este monumento que hubo que juntar a miembros de la OSPA y de la OFIL para hacerlo sonar. Conozco bien ambas orquestas (como pianista, director y melómano) y pude percibir su compromiso total con el proyecto. No puedo evitar pensar que en otras partes del mundo una única orquesta reúne los efectivos necesarios ¿Por qué?

Del foso al escenario:

Para solucionar el problema de ubicar a los 106 músicos se optó por trasladar la orquesta desde el foso (demasiado pequeño) al fondo del escenario. Que yo sepa, la capacidad del foso del Teatro Campoamor no suele dejar fuera a ningún compositor desde Mozart hasta Puccini.

Los cantantes se situaron sobre la superficie que cubrió el foso, muy cerca del público.

La necesidad de que la orquesta no cubra a las voces es un tema muy complejo ya que depende en gran medida de la acústica de la sala.  Durante los ensayos llegó a haber hasta 6 personas en el patio de butacas del teatro controlando diversos aspectos de la interpretación, incluyendo el balance entre la orquesta y los cantantes. En las dos funciones a las que asistí estuve sentado en 4 ubicaciones diferentes y todas ofrecían una imagen sonora diferente.

Escuchando en el patio de butacas, la combinación de las pantallas para las proyecciones y la colocación de la orquesta resultó ser muy buena dando como resultado una cuerda presente, una madera discreta y, en general, una textura transparente y balanceada. Salían perdiendo los instrumentos colocados hacia las aristas del escenario, como trompas y contrabajos y, sin duda, se perdió potencia de los últimos atriles de violines y violas.

Esta imagen sonora no era la que se percibía en los pisos superiores, donde se enfocaba todo el potencial de la madera y de la orquesta en general. Allí los cantantes eran tapados la mayor parte del tiempo. Me viene a la cabeza la defensa que Karajan hizo de los medios de grabación para captar la música con la mejor versión acústica posible. Él conocía muy bien estos problemas.

Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias

La Escena:

La escena se lleva la peor valoración con diferencia de todo lo vivido. Recordemos: hasta ahora hemos descrito unos ensayos intensos y comprometidos y un amplio equipo de personas pendientes del resultado musical.

Sintetizando, tengo que decir que los decorados apenas permitían ubicar la acción: imágenes cambiantes poco realistas que obligaban a buscar en los sobretítulos la razón de su aparición. Algunas eran enigmáticas, como una baraja de cartas esparcidas por la pantalla. Las representaciones de el pájaro del bosque y el dragón Fafner no convencían: el  pájaro era simbolizado por una bandada, una bandada de pequeños rectángulos; el dragón apenas aparecía unos segundos en pantalla y su representación gráfica se limitaba a unos rasgos básicos; durante la escena de Fafner las imágenes predominantes eran de fuego y llamas.

Siguiendo con aspectos negativos, la suerte de danzas que los cantantes llegaron a realizar, siguiendo el ritmo acentuado de la música, me parecieron completamente fuera de estilo y contexto.

También hay que señalar como  aspecto muy negativo la ausencia de atrezo: Siegfried sin espada, Mime sin un martillo o un yunque sobre el escenario con lo que poder hacer la escena de la fragua mínimamente identificable; Wanderer (Wotan) sin lanza, parche, ni sombrero, de tal forma que los sobretítulos aludían frecuentemente a la nada. Yo me pregunto, ¿tanto aumentaría el presupuesto añadiendo estos pocos objetos?

En referencia a los sobretítulos también hay que decir que transcriben el libreto en un registro cotidiano que evidentemente los priva por completo de la nobleza literaria que originalmente tienen. Hay que recordar que tanto la música como el texto son obra de Wagner: son dos obras de arte en una.

Oviedo Filarmonía

Las Funciones:

Antes de referir más aspectos negativos, prefiero retomar las observaciones de los músicos: destacaron la importancia y necesidad de los dos días de descanso entre funciones asignados en esta ocasión para recuperarse del gasto energético y de la agitación emocional producida por las 5 horas de función. Ello se traducía incluso en la imposibilidad de dormir hasta las 4 ó 5 de la madrugada. Al final de las funciones se percibía el entusiasmo de los músicos y, función tras función, la maduración de la obra les permitió dar lo mejor de sí mismos, lo que se traducía en la satisfacción del trabajo bien hecho.

De vuelta a la sala, hay que destacar el impacto en el público asistente al hacerse visible la enorme masa orquestal. La música fluyó gracias a la energía imprimida por García Calvo y a unos cantantes correctos en el peor de los casos (excepto el pájaro del bosque, por debajo del nivel). Hay que destacar a Mikhail Vekua en el papel de Siegfried que, además de ofrecer una impresionante actuación vocal, se pegó verdaderas carreras por el escenario. Me llamó la atención el solo de trompa del segundo acto que fue técnicamente muy limitado. Más tarde me enteré que se trataba de un estudiante contratado por la Ópera de Oviedo. Sin comentarios.

Aunque globalmente mi acto favorito es el segundo, la magia llegó en el tercero, con momentos contrastantes de gran intimismo, pasión, drama y clímax.  Al final de las dos funciones a las que asistí, las ovaciones fueron generosas por parte de un público satisfecho.

Eso sí, como es habitual, se escucharon todo tipo de ruidos, incluso provenientes de las localidades del patio de butacas. ¿La gente paga entradas caras para dejar caer objetos y hacer ruido con bolsas de plástico? Algunas personas sí.

Mime y Wanderer en el Teatro Campoamor de Oviedo

Conclusión:

Aunque he destacado múltiples aspectos negativos (que si pudiera, me apresuraría a corregir, pero no es mi competencia), considero que es un lujo poder ver y escuchar una ópera de Wagner en Oviedo, teniendo en cuenta la situación en España.

Si alguien quiere introducirse en la música de este compositor o experimentarla en vivo, tendrá una oportunidad de nuevo en Oviedo en 2019 con El Ocaso de los Dioses, la imponente última ópera de la tetralogía El Anillo del Nibelungo. Eso sí, recomendaría preparación previa: escucha de la obra y lectura del libreto hasta captar sus líneas generales. De lo contrario, uno puede verse desbordado en un mar de información artística un poco inconexa que quizá proporcione una impresión equivocada de la obra de un artista.

Por Omar Navarro

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